Temprano por la mañana, alrededor de las 10, mi gato Charly salió de casa, listo para otro día de aventuras por el vecindario, como de costumbre. Normalmente vuelve al cabo de unas horas, pero ese día estuvo fuera mucho más tiempo de lo habitual. Pasaron las horas y, cuando dieron las 11 de la noche sin rastro de Charly, decidí que era momento de ir a buscarlo.
Gracias al PAJ GPS que lleva en el collar, pude comprobar su ubicación en el mapa sin dificultad. El rastreador mostraba que llevaba varias horas en el mismo punto —justo en el borde de un campo de fútbol— y empecé a preocuparme. “¿Qué puede estar haciendo ahí tanto tiempo?”, pensé, y salí a buscarlo.
Al llegar, descubrí que Charly se había quedado encerrado accidentalmente en un pequeño cuarto de almacenamiento junto al campo. Seguramente entró por curiosidad y la puerta se cerró detrás de él. Sin el rastreador GPS, podría haber pasado todo el fin de semana buscándolo —o, peor aún, él habría permanecido allí solo.
Gracias al rastreador, pude llevar a Charly a casa rápida y seguramente. No solo me devolvió a mi gato, sino también mi tranquilidad.
*Traducido del alemán
