El verano pasado, en la Costa Azul, cerca de Cannes, me robaron mi Land Rover Defender. Preso del pánico, activé el PAJ GPS, y poco después me encontré en una calle lateral junto a la policía y un perro rastreador excesivamente entusiasta, justo en el lugar donde finalmente reapareció mi Defender, aunque no sin arañazos y una ventana rota.
El perro ladró triunfalmente, como si acabara de lograr una victoria personal. A pesar de los daños, por suerte pude marcharme conduciendo, aunque con muchas corrientes de aire y una historia que sin duda no olvidaré pronto. Gracias al rastreador GPS —y a un poco de intuición canina— mi Defender encontró el camino de regreso hasta mí.
*Traducido del alemán
